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SUBIDA AL VELETA 2009. XVI EDICION PDF Imprimir E-Mail
Tengo que comenzar el relato de este año, el 2009, contando que me han sucedido varias cosas que motivaron mi falta de preparación. Valga la excusa, siempre me dije que nunca acudiría a esta cita sin ir preparado, pero hice una excepción que más adelante todo el mundo entenderá.  Cuando decidí inscribirme tan solo faltaban 10 días para la prueba. Podría subir a lo más alto del Veleta en coche, en moto, en helicóptero, pero en bici… no. Había que estar muy fuerte para conseguirlo y mis posibilidades eran demasiado escasas. Me sentía mal, pasado de peso, apenas se me notaban las marcas del culote en mis piernas, eso lo decía todo.          Al regreso al pueblo, un amigo, medio en broma, me comentó:-¡Mira que hacer 800 kms. en coche y 14 kms. en bici!. Cierto, tal como lo dijo, tuve que abandonar en el primer avituallamiento, el km. 14 de la prueba. ¡¡Increíble!!. ¡El peor resultado de las 10 ediciones que llevaba!. Años atrás, cuando me he encontrado mal, he aguantado hasta Pradollano, pero éste era imposible. Bueno, tampoco pensaba hacer tan mal papel, todo tengo que decirlo. Pero vayamos por parte, os contaré como sucedieron las cosas.          Desde el invierno pasado sabía que este año me sería muy difícil ir al Veleta. Teníamos que hacer obra en casa, de varios meses de duración ... ... con mudanzas incluidas y dependiendo de las fechas así vería si tendría tiempo para entrenar. Lo primero que tenía en la cabeza era mi casa, ya que la reforma iba a ser muy considerable, había que desalojarla y no dejar ni un clavo en la pared. Nos esperaba una paliza tremenda y desde primeros de año comenzamos a empaquetar y a transportar poco a poco. Después de Semana Santa, el 13 de abril empezaron las primeras demoliciones.          Como casi todos los inviernos apenas había tocado la bici, pero éste fue aun peor con tanto frío y lluvia. Con una bicicleta estática y un rodillo en casa me daba vergüenza ni tocarlos. Prácticamente tenía casi descartado acudir este año al Veleta, eran fuerzas mayores, no podía salir a entrenar y dejar a mi mujer sola con el trabajo.          En el mes de Marzo nos habíamos ido a una casa de alquiler, curiosamente a la calle que llevaba el nombre de mi padrino, Doctor Pastor Baanante (casualidades de la vida).          Pero la cosa empeoró mucho más. Estando de alquiler y con la obra recién empezada, le diagnosticaron a mi mujer un “melanoma” en la piel, justo encima de una rodilla. ¡Uff…! ¡Hasta tres intervenciones quirúrgicas tuvo que sufrir!. Ella, los niños, toda la familia, tuvimos que ser fuertes para soportar lo que se nos venía encima. Después un mes casi de reposo absoluto en casa de su madre y yo con los niños en la casa de alquiler, acudiendo al hospital para ir quitando puntos… Y lo peor, ¡la espera en saber el resultado de todo!. Una historia muy difícil de contar aquí, unos días que quedaron para nosotros…          Para mí fueron unos días terribles, trabajando, acudiendo a la obra, surgiendo problemas, con mi mujer enferma, los niños desatendidos… ¡como para tener ganas de mirar la bicicleta!.          Gracias a Dios, la recuperación transcurrió normal, con el tiempo empezó a caminar ayudada de muletas y poco a poco fue mejorando la situación. Maldecía todo lo que me estaba pasando, pero así era la vida, lo primero era recuperarse mi mujer, lo demás  no importaba.          El tiempo se me venia encima, empecé a salir algunos días, sobre todo los domingos, me acompañaba Cayetano, que este año tenía prometido que si yo iba al Veleta el me acompañaba, pero no en coche, sino en bici, sí, se había preparado “tozudamente”. Salía casi todos los días por Gerena, su pueblo, estaba demasiado fuerte. Desde que le conocí tenía en su mente subir algún día el Veleta conmigo, pero este año, con mis problemas, estaba esperando a que yo me decidiera.          Recuerdo el día que fuimos a Monesterio (Badajoz), también con Miguel Ángel Llorente. Era una etapa de 100 kms. y me atreví a realizarla con ellos, bueno, ya os podéis imaginar como volví a casa, reventado, una paliza descomunal, sin estar preparado no era normal hacer esas barbaridades. Miguel Ángel empezó a decirme aquel día, que así yo no llegaba este año ni a Las Víboras. ¡Qué razón tenía!. Saliendo de domingo a domingo no podía ponerme en forma, eso lo sabía perfectamente, pero no tenía otra solución.          Así todo, llegó el día importante, que no era otro que la cita que tenía mi mujer en el hospital para darle el resultado de toda su historia. ¡Fue tremenda la alegría!. Todo se había quedado ahí. Pudimos respirar tranquilos, después de tanto… Tendría que acudir a revisiones pero todo se había controlado, gracias a Dios.          Faltaban unos 10 días para el Veleta y tras salir del hospital lo primero que hice fue llamar a Cayetano para comentarle que en el momento que llegara al pueblo haría las dos inscripciones. Se alegró una barbaridad y me animó más a prepararme lo que pudiera, aunque ya era casi imposible conseguir llegar al Pico del Veleta, por mucho que cogiera la bici en esos días.          Este año iba más gente, Paco, José Enrique, Enrique Olivera, Julio Piñero y Miguel Cristalero se habían inscrito a la prueba que había el día antes, a la de los 202 kms. ¡Uff…! ¡Eso era otra historia!. Van con bicis de carretera y ala, a zamparse un montón de kilómetros.          Empecé a tener claro una cosa, este año sería distinto, me lo tomaría totalmente relajado, pero lo que si es verdad era que iba a darlo todo de mi, iba a intentar no defraudar mucho a Cayetano y creía que iba a tener fuerzas para llegar como mínimo a Pradollano, ¡jaja…!. La experiencia y el conocimiento de esa carretera no me servirían de nada si no tenía fuerzas, eso lo sabía.          Días antes de ir le comenté a Cayetano que firmaba el llegar a la Virgen de las Nieves, tenía unas ganas locas de verla, de estar a sus pies, de darle las gracias por todo lo que había hecho por mi. La tengo en mi casa en varios sitios colocada, no os puedo explicar bien, pero forma parte de mi vida.          Era el 2º año que Mamut Sierra Nevada se hacía cargo de la Organización y me puse en contacto con ellos a través del correo electrónico. Le comenté a Marien, que era la persona mas conocida por correo, que había tenido problemas este año para prepararme, entre la enfermedad de mi mujer y la obra de la casa, que me habían impedido entrenar como suelo hacerlo todos los años, pero que al final se solucionó y un año más, y ya iban 10, allí estaba inscrito a esta prueba que me deleitaba.          Marien me contestaba alegrándose y animándome. Recuerdo una frase que me escribió diciendo:- “Rafael, no importa donde llegues este año, lo verdaderamente importante es que tu mujer pueda acompañarte…”.          Volví a contestarle dándole las gracias y me atreví a proponerles una idea que se me pasó por la cabeza: me gustaría darle a mi mujer una sorpresa allí, en Pradollano, en el corazón de Sierra Nevada, con la Virgen de las Nieves observando y de fondo con aquel Pico del Veleta majestuoso. Solo era un deseo, un pensamiento, algo que me encantaría, un detalle con ella, que también sufría lo suyo viéndome dar pedaladas.          Recordaba un año, embarazada de mi hijo pequeño Rafael, como subió campo a través ¡desde la curva antes de llegar a la Hoya de la Mora hasta la Virgen de las Nieves! ¡Una locura!, solo por volver a verme y darme agua fresca antes de lo que me quedaba por delante.          Tuve una llamada de Pepe López, mi gran amigo granaino, preguntándome qué le había pasado a mi mujer y le comenté por encima lo mal que lo habíamos pasado, pero que ya le contaríamos con mas detalle. Me preguntó el nombre completo de mi mujer: María Julia Jiménez Martín. No me quiso dar más explicaciones, pero en sus manos me esperaba de todo.          Más tarde tuve contestación de Marien diciéndome que mi mujer tendría un reconocimiento dedicado en la XVI Edición de la Subida al Pico del Veleta. ¡Dios…! ¡La que había liado!. Ahora ya no tenía más remedio que convencerla a que viniese conmigo, ya que estaba aún convaleciente, no podía caminar bien y tenía molestias en su pierna.          Tenía que guardar el secreto de lo que le esperaba, tan solo me fui de la lengua con sus hermanos y con Cayetano, aunque conociéndome me costaba una barbaridad ocultárselo.          Se acercaba ya la fecha del 5 de Julio, como siempre, reservé habitación en el Hotel La Duquesa, donde sus dueños nos trataban como buenos amigos. Le daba vueltas a la cabeza pensando hasta donde podría llegar y lo que más me dolía era no estar en forma para acompañar a Cayetano hasta lo más alto. El estaba que se salía, hasta le decía que entrenaba demasiado, que diariamente no debía salir, que se acarrearía alguna lesión, pero el muy bruto no me echaba cuenta. Tan solo tenía que tener cabeza, que le sería difícil, pero que lo iba a intentar. Llegamos al acuerdo de que si me veía flaquear, se iba hacia arriba, era su primer intento y quería llegar lo más lejos posible. Yo le animaría.          Este año la Organización había decidido tomar la salida desde Cenes de la Vega, me parecía estupendo hacer esos 3 kms. hasta Pinos neutralizados, mucho mejor que el año pasado desde Granada, donde tan solo nos faltó dar una “vueltecita” por los jardines de la Alhambra.          Ya no había vuelta atrás, llegó el día del viaje, nos organizamos para ir en tan solo un coche. Cayetano con su mujer Mercedes y su hija Paula, de algo más de un año, mi mujer y yo. Las bicis en la vaca del coche, íbamos algo ajustados pero era buena la idea. Partimos el sábado por la mañana, queríamos estar para comer en Pinos Genil.          En el camino hicimos una parada en Riofrío, un lugar inmensamente precioso, que ya conocía Cayetano de ir a pescar truchas, donde “burlaba” a los guardas para esconder el mayor número de piezas.          Había un pequeño inconveniente este año a la hora de recoger los dorsales, tendríamos que subir a Pradollano antes de las 8 de la tarde, donde la Organización tenía montado todo, ya que ese sábado hubo también un par de pruebas, donde se había inscrito la gente de mi pueblo. Entre ellos iba Enrique Olivera, hijo de mi gran amigo “El Cartero” al que siempre recordaré. Paco me llamó para decirme que todos habían conseguido finalizar la prueba de los 95 kms. ¡Toda una hazaña, si señor!.          Con el dorsal nos dieron un cortavientos estupendo, mejor que el del año pasado, pero nos quedamos con las ganas de hacernos con un maillot. Preguntamos y nos dijeron que debían de pasar unos días para poder conseguirlo. Allí en el control de dorsales, pregunté por Marien, tenía ganas de saludarla. Me presenté y charlé un momento, claro sin sacar el tema de mi mujer, que andaba por allí.          Por allí también andaba Julio Piñero, con el que quedamos para tomar café, el se quedaba el sábado allí, ya que le acompañaban su mujer y sus niños. La tarde estaba cayendo y empezó hacer frío, con lo que decidimos volver al Hotel La Duquesa.          Esa noche salimos a cenar a la Peña de los Cazadores, un bar típico de Pinos Genil, junto al río, con un “fresquito” que hace allí que todo el mundo conoce. Estuvimos con Pepe López y su mujer, charlando y contándonos como nos había ido todo. La verdad es que son gente fabulosa, encantadora. Me hubiera gustado haberle preguntado más a Pepe de lo que nos esperaba al día siguiente, con el tema de mi mujer, pero ya no era el momento delante de ella, además, nos mirábamos y parecía que sobraban las palabras. Pasamos un rato muy bueno, pero llegaba la hora de irnos a dormir.          La cuenta atrás había llegado, en unas horas nos esperaba el “ataque al Veleta”, había que concentrarse, había que encomendarse a todos los Santos del Cielo. Cayetano tenía un “cosquilleo” en la barriga propio del novato que encara su primera vez. No iba a subir en coche, sino dando pedaladas, sudando y sufriendo. Tenía capacidad física suficiente para hacerlo en 4 horas, pero ¿tendría fuerza mental para soportarlo?. Esa era la gran duda.          Domingo 5 de julio de 2009, llega la hora de la verdad, llega la hora de despejar dudas. Yo lo tenía bastante claro, intentaría llegar lo más lejos posible, pero este año no me iba a matar, ya había sufrido bastante…          Desayuno con Cayetano a las 7,30 horas y sobre las 8,15 nos fuimos hacia Cenes de la Vega para tomar la salida, tan solo había que dejar caer la bici cuesta abajo. Las mujeres y la chica Paula se quedaron allí para vernos pasar. No hizo falta preguntar donde estaba el control, el pueblo estaba inundado de bicicletas. Este año la Organización nos había puesto unos chips en el casco, cosa curiosa y práctica para tenernos “vigilados” en todo momento.         En la línea de salida había muchos militares, ¡parecía que nos íbamos de maniobras con el Cuartel!. Ayudan a la Organización, el despliegue de gente era tremendo, la megafonía no paraba de anunciar los minutos que faltaban para darse la salida, mesa de control, en fila de uno, paso del chips y ya estábamos “encajonados”. Ya no había vuelta atrás. Nuestro Club Ciclista de El Ronquillo iba a estar representado por nosotros dos, como el día anterior hubo cinco valientes. Por allí saludamos también a Marien, lo tenían todo controlado, no paraban de repetir el respeto que había que tener con el Parque de Sierra Nevada, que no se arrojara nada al suelo, que penalizarían y expulsaban. Había que “disfrutar sufriendo”…          Las 9 de la mañana, nos miramos Cayetano y yo, nos deseamos suerte y empezamos a pedalear. Nos esperaba una dura pelea con esa montaña inmensa, ¿hasta donde llegaríamos?. Salíamos por las calles de Cenes de la Vega, la gente aplaudía dando ánimos, en apenas 3 kms. estaríamos en Pinos Genil. Ya hacía a esa hora un calor sofocante, o mejor dicho, la empezaba a tener yo. Como siempre, había gente que nos pasaba a gran velocidad, querían estar delante del grupo.          Casi sin darnos cuenta entramos en Pinos, ya vi a mi mujer preparada para hacernos fotos y video, pasamos junto a ella, nos gritó animándonos, pasamos debajo de la pancarta que nos decía que el “infierno” comenzaba. Delante ya se puso Cayetano, ponía un ritmo sobrado, observaba la potencia de su pedalada, me sería muy difícil aguantarle, me dejaría en el momento que quisiera, yo tan solo le haría perder tiempo.          Como siempre, esos primeros kilómetros me hacen sudar de lo lindo, esas curvitas con esos porcentajes te hacen darle vueltas a la cabeza pensando que haces tu metido allí, en esa prueba, para reventarte. No me encontraba mal y tampoco quería desanimar a Cayetano. Se me iba unos metros, cada vez más, no paraba de mirar atrás gritándome, se paraba, me esperaba, tuve que gritarle que se fuera. No podía retenerlo más, bastante llevaba ya 5 o 6 kms. esperándome.          Y me quedé solo, como siempre, como era mi destino cada año que hacía la Subida, la verdad es que pienso que solo por esas carreteras es muy penoso, es cuando tiene que funcionar el “coco”, es cuando tienen que salirte las agallas de donde las tengas. Si miras arriba y ves el Pico del Veleta allí, parece que está demasiado cerca, pero no, sabes los kilómetros que quedan y si no llevas fuerzas… te derrumbas.          No se para que miraba mi cuentakilómetros, si me conocía la carretera de memoria. Lo pasaba mal, deseaba ya con todas mis fuerzas que llegara el primer avituallamiento, o que llegara por detrás mi mujer en coche. Ya por el kilómetro 10 no podía más, aunque también tenía momentos que me animaba, incluso gritaba. El calor cada vez mas sofocante y cuando se va mal, peor.          Iba “charqueando” en sudor, apenas podía ver, pero no quería parar hasta llegar al avituallamiento que ya divisé a lo lejos. Bajé de la bici, necesitaba comer y beber, aunque no tuviera hambre ni sed, allí había de todo. Por allí estaba Cayetano, ¡qué sorpresa! ¿Qué hacía allí?. Me esperaba, estaba ya desesperado por mi tardanza. También llegó nuestro coche, ¡que alegría!. Las saludamos y nos dispusimos a emprender la ruta.          Llené mi bote, ¡vamos!. Me subí a la bici, mi mujer me dio un empujón… ¡Dios…! ¡No podía dar pedaladas!. Sentía un fuerte dolor en las piernas, era imposible, me había enfriado de tal manera que sentí una impotencia tremenda. Nunca me había pasado eso. Tiré de mala gana la bici al suelo, mi mujer me animó ya a dejarlo. Ahí había acabado mi historia este año, me maldije una y mil veces, pero no podía más.          Estos años atrás, cuando me he visto mal, sin posibilidades de llegar al Pico del Veleta, he sufrido hasta llegar a Pradollano, pero este año… ¡me había quedado en el km. 13! ¡Increible! Todavía me cuesta creerlo. Me encontraba tan mal que hasta tuve que llamar a un militar que hiciera el favor de subir la bici al techo del coche, ¡Ufff…!. Tan solo quería cuanto antes sentarme en el coche, quitarme las zapatillas y relajarme. Cayetano siguió hacia arriba, había perdido allí 30 minutos, ¡qué coraje!. No podía acompañarlo, además sería un lastre para él. Ya solo me quedaba subir en coche hasta que el aguantara, grabarlo en video, como el había hecho conmigo estos años atrás.          Llegamos hasta el cruce, donde estaba el 2º avituallamiento, esperamos que llegara Cayetano, iba con fuerzas, pero comentaba que le dolía mucho el trasero, por no decir otra cosa, al ir cuesta arriba todo el peso del cuerpo se centra en esa zona y se sufre más de la cuenta. Decía que seguiría, que eran las 12 h. y todavía no se rendía, ¡Bravo!. Agallas tiene para dar y regalar y bruto es como el mismo, ya lo conozco bastante. Sé que subiría algunos kilómetros más, pero solamente era engordar para morir, era cuestión de minutos.          Se bajó en el cruce del CAR, antes de llegar a la Hoya de la Mora, ese fue su final de etapa. De ahí hacia arriba aún queda un mundo, él lo sabe, y tiene que conocerlo seguro. ¡Con lo bonita que estaba la Sierra, toda llena de neveros! ¿Qué podía decir yo de esas vistas que ya no hubiera descrito?. Me hubiera encantado tocar la nieve como algunos años, de Borreguiles hacia arriba…          Aún me dolían las piernas, aunque fuera en coche. Bajamos a la Estación, buscamos el parking que la Organización nos había ofrecido (cosa estupenda) y nos dirigimos a comer por allí. Había una carpa bien montada, mejor que el año anterior, donde ofrecían paella y demás, aunque nosotros preferimos entrar en un restaurante, por comodidad.          Las bicis las llevamos a un espacio que había reservado, vigilado y controlado por militares. ¡Dios! ¡Si parecía que estábamos en la mili! ¡Solo faltaba que nos nombraran para algún retén!. La verdad es que la Organización había mejorado muy mucho este año, en personal y en atenciones.          Nos acercamos a las carpas  para hablar que nos interesaba comprar el maillot que habían dado el día antes, tendríamos que esperar varios días, no había mas remedio.          Se acercaba el momento emocionante de la entrega de premios, yo no sabía mucho, tan solo que me encontré con Pepe López y me dijo que me preparara porque nos iban a llamar… ¡Vaya tela!. Estaba nervioso, mi mujer seguía sin saber nada, estábamos atentos para el momento.          El chico del micrófono, que tan bien lo había hecho por la mañana en la Salida de Cenes de la Vega, empezó a nombrar a las autoridades que iban a entregar los premios; José López Chirosa, como Presidente del Club Ciclista Pinos Genil y promotor de esta Subida al Veleta, Cayetano, su fiel y amigo del Club, Maria José López, Presidenta de Cetursa, un Teniente Coronel del Ejército de Tierra y un miembro de Mamut Sierra Nevada.          El del micro tenía poco pelo, por no decir ninguno, pero de lengua estaba bien preparado, me recordaba mucho al “pelón” que presenta la Fórmula 1 en Televisión, todo un fenómeno.          Empezó a nombrar a la gente que iban a subir al escenario y mira por donde dijo el nombre de mi mujer ¡Maria Julia Jiménez!. Estábamos en la terraza del restaurante y ella, muy inocente, me comentó, que había una chica que había participado y se llamaba como ella. Yo no podía aguantar ya mucho, le resté importancia.          Pero llegó el momento, le di la cámara de fotos a Cayetano y nombraron a mi mujer para que subiera a recoger un “premio”, por los años que llevaba acudiendo al Veleta acompañando a su marido, como “directora deportiva”, ayudándole a subir por esas carreteras mágicas, y más ahora después de su enfermedad… Claro, también me llamaron a mí para que le hiciera la entrega.            Oculta tras sus gafas de sol, no daba crédito a lo que acababa de escuchar, con las lágrimas saltadas, le agarré de la mano y le dije que sí, que era ella, que teníamos que subir allí, que iba a tener un reconocimiento por todos esos años acompañándome a dar pedaladas, que no todos los premios eran para ciclistas, que habían también gente que merecían un aplauso. Allá que subimos y bueno, no puedo describir el momento como quisiera, saludamos a todos, me dieron una figura en piedra con el perfil del Veleta, precioso, y tuve que entregárselo a ella, que no paraba de emocionarse, un momento muy bonito que tengo que agradecerle a toda la Organización, así como a Pepe López, promotor de todos cuantos reconocimientos he tenido en mis 10 años de participación.          Se han portado muy bien conmigo y no se como pagárselo. A lo mejor, a quien lea esto le parecerá una cosa exagerada, pero a mi no, después de lo pasado, buscaba eso, porque ella también había sufrido lo suyo, porque ella me acompañaba siempre y este año había hecho un esfuerzo para superar su enfermedad.           Este momento sé que lo he soñado antes, sé que hay muchas mujeres que acompañan a sus maridos a estas pruebas ciclistas, que sufren, que gozan. Mis amigos y quien me conoce bien, saben lo cierto de cuanto digo aquí y la verdad de todo es que la Subida al Pico del Veleta es “muy especial” para mí. Tengo fotos, tengo videos, tengo gratos recuerdos de todos los años, pero lo que guardo en mi mente tan solo lo tengo para mí…   Ya tengo una meta importante para el próximo año, para la subida del 2010: me he comprometido con mi amigo Cayetano en llevarlo hasta la cumbre,  hasta lo más alto del Pico del Veleta, a la meta, al cielo… No sé si tendrá ganas cuando pasemos por la Virgen de las Nieves, de colocarle la bufanda de su equipo, del Betis, o pedirle de lejos por algún que otro ascenso, ¿no? (no penséis mal, eh…).   Lo acompañaré seguro hasta arriba. No merece otra cosa y es más, me alegro (con perdón) que este año no lo haya conseguido, sí, porque quiero que cuando el alcance la meta esté yo allí, a su lado, para regocijarlo y verle la cara. Ahora mismo es su deseo más grande y le he prometido prepararme a conciencia para acompañarlo.          Me queda muy poco ya que contar, siempre digo que acudiré a esta prueba todos los años, mientras pueda y fijaros lo difícil que lo he tenido en el 2009.          Acaba ya mi relato y quisiera agradecer tanto a la Organización como a Pepe López todo el apoyo y cuanto han hecho por mí. También a Mercedes y su hija Paula (¡vaya paliza que le dieron a la chica!) por acompañarnos. Y como siempre acabo mis relatos, dedicándolo, que no puede ser a otra persona este año que a mi mujer, María Julia Jiménez, por todo cuanto ha hecho y hace por mi. Ojala y si Dios quiere, me siga acompañando todos los años a la Subida al Veleta…          Gracias Mari Juli.          Rafael Vizcaíno Navarro.
Comentarios
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Paco F. Duque  - TU MUJER SE LO MERECE   |2009-09-21 22:35:08
Enhorabuena por el magnífico relato que nos has dejado. Desde estas líneas
quiero darle las felicitaciones a tu mujer, Mari Juli, porque ella si que ha
subido este año el Veleta, y nos ha dado a todos una verdadera lección de
entereza y fuerza de voluntad para superar ese duro trance. Me gustaría acabar
con la frase que mejor os define: "al lado de un gran hombre siempre hay una
gran mujer".
Curro  - COMO SIEMPRE MARAVILLOSO   |2009-09-20 22:51:09
Este si que es el mejor relato que has escrito en tu vida, ya que no es el
relato de una subida ni el de una marcha ni el de una cicloturista ni el de una
salida con vacas bravas ... es el relato mas emotivo y maravilloso a la persona
que mas quieres del mundo, a esa persona que siempre ha estado apoyandote en
todas tus aventuras y en los buenos y en los malos momentos (ciclistamente
hablando mas malos que buenos jejejejej...) . En fin compañero felicitarte por
el relato y nos vemos dando pedaladas y como no UN ABRAZO Y UN BESAZO muy fuerte
para la protagonista sin duda de esta historia, MARI JULI.
Enrique O.  - MUY EMOTIVO...   |2009-09-20 22:48:21
Como siempre enhorabuena por estos mágnificos relatos cargados de detalles de tu
experiencia por tierras granadinas. Espero que te sigas animando a seguir
participando y narrándonos tus experiencias, quizás este año tengas un nuevo
compañero de subida...
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